Hotel como catalizador de sensaciones

A decir de Michel de Montaigne, el padre del ensayo literario, la experiencia puede ser una fuente inagotable de sabiduría, si sabemos vivirla y estudiarla. Por lo tanto, no debiera sorprender que uno de los principios que orientan la re-configuración del nuevo paradigma hotelero consiste en el diseño y generación de experiencias.

De un tiempo a esta parte las generaciones más recientes, los que nacieron a partir de 1980, sopesan viajar como una de las prioridades de su vida. Sin embargo, dentro de este modelo y dadas las condiciones económicas de nuestros tiempos, los hoteles pasaron a ser un elemento secundario dentro de sus consideraciones. Es decir, con que tuvieran una cama y una ducha era suficiente.

Las grandes mentes de la hotelería estudiaron el fenómeno, diagnosticaron el problema y propusieron una solución que actualmente se encuentra en boga: crear experiencias dentro de sus espacios, hacer de los hoteles parte integral de las vivencias de los devotos del wanderlust.

Casa Tiny. Puerto Escondido, Oaxaca, México. Foto tomada de www.airbnb.mx

La gama de opciones es múltiple, expansiva y entra en los planes desde que se elige el sitio de construcción. Habrá quienes sepan establecerse en una locación con una naturaleza prodigiosa y habrá también quien prefiera desarrollar su propuesta en un barrio con mucha historia, mucha noche y diversos sitios que lucen por su valor histórico o icónico.

Aprovechar los alrededores para crear vivencias incomparables y obtener un valor diferencial es sólo un elemento dentro de la creación de estos nuevos recintos. El hotel debe ser un dínamo en la generación de variadas experiencias, sean gastronómicas o de ecoturismo, recreativas o de inmersión en la comunidad, de modo que también forme parte de los álbumes familiares y las cuentas de Instagram.

La prioridad es que los viajeros establezcan un afecto, una conexión emocional con su hospedaje, puesto que esto también aumenta las probabilidades de que ellos mismos procuren regresar y deriva en que lo recomienden a otras personas, de modo que ellos mismos terminan por fungir como una especie de vendedores. El objetivo es hacer del hotel un destino adentro del destino.

Motherboard con Ben Ferguson, muestra el Hotel Robot Henn-na en Tokyo, Japón. Para su serie de viajes Voyager.

Por ejemplo, el hotel Henn-na, en Tokio, que se distingue por ser el primero en el mundo que recibe a sus visitantes con robots, a veces con forma de personas, otras con forma de dinosaurio. La cadena dirigida por H.I.S. Hotel Holdings cuenta con una docena de establecimientos de este tipo alrededor de Japón.

Por contrario, en Awasi Atacama, los viajeros pueden aislarse de la tecnología y realizar una sumersión inolvidable en la naturaleza. Cada espacios está aislado de los demás, de modo que los clientes son recibidos con su propio Jeep y un mapa para guiarlos. Una vez ahí, podrán llenarse los ojos con volcanes y flamingos, géisers y flora alucinante.

Las opciones son innagotables: Mirihi permite bucear con mantarrayas en las Islas Maldivas; Fontainebleau, en Miami, convida a beber vino y pintar con vista al mar; West Hollywood Edition, una colaboración entre Marriot e Ian Schrager, incluye un recorrido de spa con seis tratamientos y una vista panorámica de Los Ángeles; Indigo Coachella fue diseñado a la medida del famosísimo y homónimo festival de música; y si hubiese algún viajero, por ejemplo, con tendencias nudistas o aventureras, también encontraría alternativas alrededor del mundo.

Moxy Hotel en Nueva York, USA

Hotel Giraffe Manor en Nairobi, Kenia

Hotel Akumal Natura. Tulum, México

Y es que el nuevo modelo experiencial llegó para quedarse. Las nuevas generaciones de viajeros tienen hambre del mundo porque comprenden que en este mundo materialista en realidad no hay mayor valor que haber vivido.

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